
Mis más sinceras disculpas por no haber dado constancia de vida estas dos semanas, problemas personales y demás me han tenido apartado del ordenador y no poder hacer mi sección debidamente. Aquí teneis la breve pero directa segunda parte del mundo de Azeroth. Si os habeis dado cuenta, cada una de las partes concuerda con una expansion, con lo cual, esta es la segunda entrega de tres, que tendreis en Trastos de Guerra la semana que viene.
Thrudheim.
El repentíno debilitamiento del Trono Helado permitió que algunos miembros de la plaga volvieran a recuperar su conciencia y libre albedrío. Bajo las órdenes de la Sylvanas Windrunner, dichos renegados lograron derrotar los miembros no-muertos de las ruinas de Lordaeron, y establecieron su fortaleza bajo la fortaleza actualmente conocida como Entrañas. Mientras tanto, Arthas, luchaba desesperadamente en las tierras de Rasganorte para salvar la vida de su amo del reciente Señor de Terrallende, que en virtud de las crecientes amenazas dictadas por Kil'Jaeden, había tomado rumbo en su camino para destruir al Rey Exánime una vez más. Illidan falló y se retiró a Terrallende, al tiempo que Arthas fundía su espíritu con Ner'Zhul.

Tras la Tercera Guerra, el panorama político de Azeroth sufrió enormes cambios. Al tiempo que los Elfos de la noche se unían a la Alianza, los Renegados se juntaron con la Nueva Horda. El resto de ciudadanos de Lordaeron, separados por la Plaga, formaron nuevos regímenes: La xenofóbica y celosa Cruzada Escarlata, que contrastaba brutalmente con la compasión que profesaba el Alba Argenta. La nación orca de Durotar estableció su capital en Kalimdor, al igual que la colonia humana de Theramore. Con los ejércitos de la Horda y la Alianza diezmados a causa de la Tercera Guerra, y ocupados con su conflicto en Terrallende, la defensa de sus fronteras se convirtió en la responsabilidad de pequeños grupos de héroes y aventureros en busca de fama y gloria.
Como las principales amenazas en Silithus fueron neutralizadas por la fuerza de las dos facciones en la Guerra de los Qiraji, muchos cabecillas formaron una alianza provisional en respuesta de la apertura del Portal Oscuro. La Horda formó una alianza de necesidad con los Elfos de Sangre, mientras que, con cautela y recelo, la Alianza dió la bienvenida a los exiliados Draeneis entre sus filas. La Guerra de Terrallende fué dura y encarnizada en todos
los frentes, y contra innumerables enemigos. La mayor amenaza era la Legión Ardiente, que después de ser derrotados en Hyjal, movilizaban sus fuerzas para otra invasión a Azeroth, esta vez a través de Draenor. La hegemonía de Illidan en Terrallende resultó irónicamente corta, tras perder el apoyo de Kael'Thas Caminante del Sol, cuya adicción a la magia arcana le llevó codo con codo a la Legión; las hordas de nagas, orcos viles, y los demonios llamados Illidari fueron derrotados por los Sha'tari y las fuerzas de Azeroth.
Tras sufrir la destrucción de los Illidari y su propia derrota, Kael'Thas regresó a Azeroth, donde se había restaurado su preciada Fuente del Sol, y la usó para iniciar la invocación que permitiría a su señor Kil'Jaeden acceder al mundo material. Para poder contrarrestar tal enemigo, las facciones enfrentadas de Satthrath, los Aldor y los Arúspices, se unieron a los Caballeros de Sangre de Quel'Thalas, formando la Ofensiva del Sol Devastado, y logrando, con la ayuda de nuestros valerosos héroes, interrumpir la llegada de Kil'Jaeden en Azeroth.
Pero los vientos del norte aún soplaban aires de guerra.

Vía: wowwiki.com
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